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miércoles, 26 de septiembre de 2012

Militante 210: Mienten TEPJF, IFE, PRIAN

Escrito por: Comité de redacción

Sin lugar a duda un hecho de especial relevancia para la lucha de clases en México ha sido la determinación del Régimen por imponer a Enrique Peña Nieto (EPN) y al PRI en la silla presidencial, tal como sucedió el pasado 30 de agosto cuando el TEPJF avaló el fraude electoral del 1 de julio. Pocos días después, el 1 de septiembre, Calderón enviaría a la Cámara de diputados el texto de su IV y último informe de gobierno a través del secretario de gobernación, Alejandro Poiré, y en el que el panista describiría un México de fantasía con cientos de supuestos avances que en realidad son simplemente imperceptibles para los millones de pobres y desempleados de este país.
La actitud de las autoridades electorales y del propio Calderón describe con facilidad la enorme arrogancia del Régimen y su desprecio por la clase trabajadora, así como su marcada intención de continuar sin un milímetro de desvío exactamente por la mima senda de explotación y empobrecimiento de las mayorías para profundizar la obscena concentración de riquezas en un puñado de parásitos banqueros y los empresarios.
Un hecho que también es afín a ambos actos de arrogancia por parte del Régimen, es el de que durante esos días tanto el TEPJF como la Cámara de diputados fueron transformados en genuinos bunkers impenetrables rodeados de miles de soldados y policías federales; además EPN se vio forzado a llegar el día 31 al TEPJF en helicóptero para el ritual de la entrega de su constancia que lo acredita como presidente electo, mientras que Calderón de plano desistió en presentarse personalmente a la Cámara de diputados el 1 de septiembre. El accionar de ambos personajes, y las extremas medidas de seguridad en torno a ellos, ilustran nítidamente de que tamaño son los miedos de la clase dominante hacia el potencial de reacción de los trabajadores.
Ambos fenómenos, la determinación del Régimen para imponer a toda costa a EPN contrastada con sus temores relejados a través de las medidas extremas de seguridad impuestas sobre el TEPJF y la Cámara de diputados, hablan por sí mismo del serio nivel de polarización social que se vive en nuestro país; en realidad, mirada de forma más detenida esa contradicción, dichos eventos son un augurio de la magnitud que en el futuro adquirirán los enfrentamientos entre burgueses y proletarios.
Es por ello que los trabajadores debemos prepararnos para la clase de luchas que se avecinan y una tarea a resolver es la del tipo de política que la dirección del movimiento de masas debe impulsar ante los nuevos retos que impone e impondrá la lucha de clases. Los marxistas estamos convencidos de aún hoy es posible revertir la imposición de EPN, que un llamado serio al conjunto de la clase trabajadora y del campesinado pobre para paralizar el país crearía una dinámica de lucha imparables que arrojaría como saldo el que el 1 de diciembre el ahora espurio presidente electo, no tomara el poder. Sin embargo el indicado para impulsar esa clase de lucha por su arrastre entre las masas, AMLO, no sólo no lo ha hecho sino que además semiparalizo al movimiento contra el fraude electoral, poniendo toda su apuesta en la vía legal con el resultado ya conocido. En esencia la más que limitada respuesta de AMLO estuvo determinada por los compromisos con elementos de derecha dentro del movimiento de masas (con los Camacho Solís, con los Chuchos, con los Bartlett‎, con sectores de empresarios arruinados o en desamparo por el PRIANISMO, etcétera) con elementos de la pequeña burguesía intelectual, e incluso con el pacto de civilidad impulsado por el IFE bajo el patrocinio del Consejo Coordinador Empresarial y firmado por el candidato de izquierda juntos con su oponentes de los partidos de derecha.
Ese camino no es el que puede impedir que EPN jure como presidente de la república el 1 de diciembre ni el que podría frenar los ataques que promete un eventual nuevo gobierno del PRI. AMLO tiene que romper con toda esa clase de compromisos y confiar en el pueblo trabajador para basarse en sus organizaciones y sus tradiciones de lucha (la movilización seguida de paros y huelgas) para enfrentar a la derecha; la primer tarea de AMLO es unificar al movimiento de masas con un programa claro de lucha en el que se llame a derrocar a EPN en caso de que asuma la presidencia el 1 de diciembre y en el que se plantee la expropiación de los capitalistas.
No hay vías intermedias: o la clase trabajadora, pero en especial su dirección, actúa a la altura de las circunstancias o la burguesía termina imponiendo sus condiciones. En este número de Militante exponemos todo este análisis de forma mucho más desarrollada, convencidos de que la política y el programa de clase que defendemos los marxistas son las únicas herramientas capaces de ofrecer una alternativa en estos momentos cruciales de la lucha de clase en México.

Editorial
Páginas centrales
Nacional
Sindical
Juvenil
Internacional

Fecha: 13 de septiembre del 2012

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Militante, Voz marxista de los trabajadores y la juventud
http://militante.org/

domingo, 26 de agosto de 2012

A QUIENES BUSCAN UN MUNDO LIBRE

Enviado por: Hugo Blanco


En 1994, en pleno auge glorioso del sistema neoliberal que nos oprime, se alzó una voz de rebeldía, el movimiento zapatista de Chiapas, México.
Naturalmente Salinas, el entonces presidente, lanzó una sangrienta ofensiva militar pensando aplastar rápidamente la rebelión. No fue así, la población indígena combatiente, resistió. El pueblo de México se sintió indignado ante el derramamiento de sangre y exigió el cese del ataque.
El gobierno de Estados Unidos se sintió alarmado, pues con la cantidad de mexicanos y chicanos que tenía y tiene oprimidos en su territorio, había el peligro de que la rebelión armada zapatista se extienda a la sede del imperio. Por lo tanto ordenó al gobierno mexicano que detuviera el ataque, lo que naturalmente, el súbdito obedeció. Los rebeldes manifestaron que ellos obedecían al pueblo de México que ordenó que la guerra se detuviera y se suspendió el enfrentamiento armado.
El gobierno ofreció conversaciones, los zapatistas aceptaron. Con el espíritu democrático que tienen, no quisieron ser ellos quienes hablaran en nombre de los indígenas mexicanos, convocaron a indígenas e indigenistas de todo el país para que ellas y ellos elaboraran las demandas indígenas. Eso se cumplió, fueron tan contundentes sus argumentos que la comisión gubernamental tuvo que aceptar muchos de ellos. Ambas partes firmaron lo que se llamaron “Los acuerdos de San Andrés”. Como éstos debían tener forma de ley para ser aprobados por el parlamento, éste nombró una comisión con el encargo de darle el formato correspondiente. La comisión cumplió su tarea y lo presentó a las partes, los zapatistas aceptaron, pero el gobierno no. En lugar de eso presentó otro documento traicionando así los acuerdos que él había firmado. Los partidos de la cámara se inclinaron ante el atropello y aceptaron discutir y aprobar el documento gubernamental. Por lo tanto, el Poder Ejecutivo, apoyado por el parlamento, traicionó lo acordado.
El gobierno hizo un ataque militar traicionero a los zapatistas, pretendiendo liquidar a la dirección del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Fracasó. Pero (cualquiera que sea el presidente de turno) no abandona sus intenciones de desaparecer esa isla de libertad que existe en el mundo.
No olvidemos que la primera reunión internacional de los oprimidos por el sistema neoliberal que aplasta al mundo, fue convocada por los indígenas zapatistas y se realizó en el barro de Chiapas, años antes del Foro Social Mundial  
Últimamente se están intensificando los ataques a las comunidades zapatistas, el principal y más fuerte es el que sufre la comunidad autónoma zapatista de San Marcos Avilés. La Junta de Buen Gobierno Hacia la Esperanza y la Junta de Buen Gobierno Corazón del Arco Iris de la Esperanza también denuncian ataques.
Estos ataques, así como el mantenimiento en prisión de Francisco Santis López y Alberto Pantishtán Gómez, constituyen la punta de lanza del ataque para aplastar a la zona liberada del neoliberalismo, donde se gobierna la gente a sí misma a través de las Juntas de Buen Gobierno. Ellas son vistas como un gran enemigo por las empresas transnacionales (el 1% de la humanidad que aplasta al 99%) pues son una muestra viva de que “Otro Mundo es Posible”, “Un mundo donde quepan muchos mundos”.
Esperamos que el insurgente movimiento rebelde de México, #yosoy132, comprenda que es fundamental tarea suya defender la isla de libertad que está en su mismo país, aplastar a los zapatistas haría fácil aplastar a #yosoy132.
Luchemos en defensa de San Marcos Avilés y contra los otros ataques en la zona. Luchemos por la libertad de Francisco Santis López y Alberto Pantishtán Gómez.
Es interés directo de la humanidad defender a la isla de libertad que es el área zapatista.´

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El Movimiento por Justicia del Barrio de Nueva York denuncia el ataque
a la aldea zapatista San Marcos Avilés. Considera, con toda razón que
sólo la más amplia solidaridad mundial evitará su aplastamiento.
Señalan su sitio: http://sanmarcosaviles.wordpress.com/
Videomensaje:
http://www.youtube.com/watch?v=rY-8CBt3Vkg
Como contribución a esa necesaria campaña, he escrito "A quienes
buscan un mundo libre" que envío como documento adjunto.
Saludos:
Hugo Blanco


jueves, 29 de marzo de 2012

Jóvenes y activistas del movimiento obrero se reúnen en la presentación de La Izquierda Socialista

Escrito por Ubaldo Oropeza
Miércoles 28 de Marzo de 2012

El día 23 de marzo por la noche nos dimos cita más de 280 compañeros en el local sindical del Magisterio Democrático, en la sección 9 de la CNTE, para participar en la presentación del periódico La Izquierda Socialista (LIS), órgano de prensa revolucionario de la Corriente Marxista Internacional (CMI) en México.


El acto comenzó con más de 200 compañeros. A lo largo de la charla fueron llegando más y más. El ambiente era de fiesta, puesto que el componente mayoritario era de jóvenes estudiantes del Poli, UNAM, UAM y colegios de enseñanza de media superior pero también era significativa la asistencia de jóvenes miembros del Morenaje [juventudas del Morena, movimiento de masas vinculado al PRD], activistas del Morena, sindicales y populares.
La presentación comenzó con una participación del compañero Rubén Ribera, miembro fundador del periódico Militante, que en el pasado defendió las ideas del marxismo y ahora es miembro de La Izquierda Socialista que es el actual periódico de la CMI en México. Rubén habló durante 15 minutos sobre las vicisitudes materiales e ideológicas contra las que se ha tenido que luchar en los últimos 22 años para mantener una publicación marxista. En medio de la debacle ideológica que significó la caída de los llamados "países socialistas" se generó una reacción sin precedentes contra todas las ideas marxistas, este fue el escenario por el que hemos tenido que pasar.
También explicó que este año es de mucha importancia para el movimiento obrero en nuestro país, en las elecciones serán el escenario de una campaña militante por parte de los miembros del Morena para consolidarse como una organización de los trabajadores y la juventud.
El siguiente en hablar fue el compañero Jorge Martín, uno de los dirigentes de la Corriente Marxista Internacional y de la campaña internacional con la revolución en América Latina: Manos Fuera de Venezuela. El camarada Jorge nos explicó el ambiente internacional en que nos estamos moviendo y cómo el capitalismo esta siendo un verdadero lastre para la sociedad a nivel mundial, pagando un alto pecio por esa condena.
Con datos en la mano, fue mencionando las ventajas de las que goza una economía planificada, como la que hasta ahora se vive en Cuba, que está por encima de los demás países de la región en muchos aspectos, no solo de países como Haití que tiene un origen económico similar, sino incluso de México o los EEUU. Explicó que en todo lo que tiene que ver con gasto social, niveles de educación, sanidad, etc., Cuba no solo estaba a la altura de las potencias imperialistas sino que en algunos casos incluso las superaba.
Con estos datos reforzó la necesidad de que la única forma de salir de esta crisis, que la burguesía quiere que sea pagada por los trabajadores, es expropiando a los grandes bancos y fábricas, ponerlas a funcionar bajo un plan organizado para cubrir las demandas de la sociedad.
Después se dio la palabra a invitados especiales que nos acompañaron al evento. La primera en tomar la palabra fue nuestra compañera Norma Carrillo, esposa de un trabajador del Sindicato Mexicano de Electricistas, ella explicó de forma muy sencilla sus experiencias que ha sacado en toda esta lucha, la comprensión que ahora tiene sobre la necesidad no solo por los trabajadores del SME sino por transformar esta sociedad.
La siguiente en tomar la palabra fue una compañera joven dirigente estatal del Morenaje en Guanajuato, Susana García. Esta compañera explicó brevemente los sentimientos que la impulsan a luchar y transformar el país, dijo que su motivación más grande era el amor y que eso la motivaba a la lucha en el día al día. Mandó felicitaciones afectuosas a LIS.
Los dos compañeros siguientes en tomar la palabra fueron los dirigentes, por un lado del Barzón Ciudad de México y Frente de Escuelas Democráticas Febrero 25. El Barzón es una organización que lucha por una vivienda digna para las familias obreras, Jaime García agradeció la invitación y remarcó la alegría que le daba estar entre gente joven y hablando del marxismo y socialismo.
Por el lado de FEDF 25 habló el camarada Manuel Jiménez, dirigiéndose al auditorio recordó que la única forma de terminar con el capitalismo es con la revolución. El último compañero en hablar era un joven estudiante y trabajador del SME, el compañero dijo claramente que La Izquierda Socialista era una de las que nunca dejaban la lucha y que por ellos el Politécnico, donde hay varios compañeros de nuestra agrupación, seguía siendo público.
En la ronda de participaciones que siguió tomaron la palabra 6 asistentes a la charla, las participaciones giraron en torno a la necesidad de organizarnos en la LIS, la importancia y premura por extender el marxismo como herramienta de lucha y análisis, así como las felicitaciones a los integrantes del periódico.
En la respuesta de los camaradas Jorge y Rubén pudimos escuchar palabras de alientos para seguirla lucha hasta conseguir nuestros objetivos, mantener el compromiso de trabajo con los trabajadores y en el Morena hasta transformar nuestra sociedad.
Antes de retirarnos, los asistentes visitaron nuestra mesa de materiales políticos donde se adquirieron más de mil pesos de ventas de libros y periódicos.
Este ha sido un gran evento político, los compañeros de la LIS queríamos realizar esta presentación para que nos acompañaran nuestros camaradas y amigos que nos conocen de hace mucho tiempo atrás.
El periodo siguiente será muy intenso para nuestro pueblo y los marxistas de la Corriente Marxista Internacional en México estamos levantando la mano para luchar al lado de nuestra clase por la transformación de la sociedad.

sábado, 17 de marzo de 2012

Declaración de la Corriente Marxista Revolucionaria (CMR)

Escrito por: Corriente Marxista Revolucionaria (CMR)


Es la hora del socialismo: los trabajadores deben tomar el poder y expropiar a los capitalistas
Grecia se ha convertido en el epicentro de los procesos políticos, económicos y sociales que se vienen desarrollando durante los últimos dos años en Europa. Los mal llamados planes de rescate exigidos por las instituciones capitalistas internacionales (FMI, BCE y UE) y la consiguiente aplicación de recortes sociales salvajes, han llevado al país a una catástrofe sin precedentes. Frente a esta situación, un movimiento de lucha protagonizado por cientos de miles de trabajadores, jóvenes, desempleados, y sectores arruinados de las capas medias, se ha levantado sacudiendo la sociedad de arriba abajo, demostrado sobradamente su capacidad para paralizar la nación y poner en jaque las instituciones políticas de la burguesía. Después de numerosas huelgas generales, de manifestaciones históricas, de ocupaciones de empresas, la clase obrera griega ha colocado la cuestión del poder en el orden del día. Sólo ella, al frente de los sectores oprimidos de la sociedad, puede acabar con el caos y el colapso provocado por la crisis del sistema, expropiando a los capitalistas, los bancos, los grandes monopolios y barriendo con la farsa de un parlamento intervenido por el capital financiero internacional. La situación prerrevolucionaria en Grecia avanza con fuerza, creando las condiciones para que una victoria de los trabajadores, a través de la revolución socialista, transforme completamente la situación política en el país, en Europa y en el mundo entero.


El papel de la Unión Europea y los planes de “rescate”

Los acontecimientos en Grecia corroboran el auténtico carácter reaccionario de la Unión Europea, convertida en un instrumento de la burguesía para subyugar no solo a los trabajadores griegos, sino al conjunto de la clase obrera europea, y como ponen de manifiesto los últimos acontecimientos, para someter a todo el continente a la dictadura del capital financiero.

Las últimas medidas de austeridad impuestas por la Troika (UE, BCE y FMI), con el beneplácito de los gobiernos del Continente y aprobadas por un gobierno griego completamente desautorizado por la población, son el pasaporte para que Grecia pudiera acceder al último plan de “rescate”. Un plan que llega después de intensas negociaciones en las que se reconoce que Grecia no podrá hacer frente a sus compromisos de pago de una deuda incontrolable y, por tanto, establece una quita de la misma superior al 53%. Más del 25% de la deuda reclamada (95.000 millones) está formada por créditos con unos elevados tipos de interés otorgados por bancos de la UE (en total 53.000 millones de euros), a cuya cabeza se sitúan los franceses y alemanes. Pero, a pesar de las apariencias, la banca internacional sigue logrando un jugoso negocio a costa del sudor, el desempleo y el hundimiento de las condiciones de vida de la población griega. Como contrapartida a la quita y al nuevo plan de “rescate” que incluye “préstamos” por valor de 130.000 millones de euros, el gobierno griego ha aceptado poner en marcha un nuevo programa de austeridad salvaje. En cualquier caso hay que subrayar que estos préstamos, lejos de destinarse a aliviar las necesidades de la población griega, se dedicarán exclusivamente a pagar el servicio de la deuda y los intereses a grandes bancos e instituciones financieras privadas que poseen títulos de deuda griega. 39.000 millones de euros irán destinados a los bancos griegos, 30.000 millones a otros bancos extranjeros y fondos de inversión privados, y el resto irá a reembolsar parte del valor de los bonos griegos ya caducados.
A cambio de este dinero, la troika envía monitores permanentes a Atenas para que supervisen y garanticen que el dinero no va a otra partida económica diferente, abriendo una cuenta separada y controlada por estos. En otras palabras, se comprueba una vez más que la soberanía nacional es una utopía bajo el dominio del gran capital financiero.
Como señaló un diputado del KKE (Partido Comunista Griego) en el debate parlamentario del 12 de febrero donde se aprobó el nuevo plan de austeridad: “Dejen de engañar y chantajear al pueblo. Es mentira que los 130.000 millones sean para salvarnos. ¿Qué ganarán con ello los trabajadores? Sólo se benefician los bancos y los monopolios”. (Público 12/2/2012)


Una nueva vuelta de tuerca


El programa aprobado por el gobierno de coalición, integrado actualmente por el PASOK y Nueva Democracia, ataca los salarios y acaba con la negociación colectiva y los derechos laborales. Reduce el salario mínimo un 22% y para los menores de 25 años el 32%, pasando a 480 y 430 euros respectivamente. Esta medida afecta directamente al 25% de la fuerza laboral. Aunque los más perjudicados serán los aprendices, prácticamente todos los jóvenes trabajadores son catalogados de esta manera, y su salario quedará reducido a 350 euros mensuales. En el sector privado también bajarán los salarios, después de un retroceso del 25% en el último año. El plan aprobado establece un nuevo sistema de negociación colectiva, y a partir de ahora se podrán modificar todos los contratos de trabajo individualmente. También se congela la antigüedad laboral, imprescindible para el cómputo posterior de las pensiones, que se reducirán una media del 15%. Se reforma el sistema de pensiones, abriendo así la puerta a nuevos recortes y a un nuevo incremento de la edad de jubilación. Según un estudio de la central sindical GSEE, el Estado griego se quedará sin dinero en junio para pagar las pensiones y eso significará una nueva reducción de las mismas entre un 30 y 40%.


El plan incluye nuevos despidos en el sector público: en total 150.000 hasta el año 2015. Se reducen drásticamente el gasto público y las ayudas sociales; los incapacitados y aquellas personas que padecen enfermedades raras ya han dejado de percibir subsidios y ayudas para los medicamentos. Se anuncian nuevas privatizaciones, incluidas infraestructuras básicas como aeropuertos y puertos. Se ha aprobado también el cierre de decenas de instituciones públicas, incluidos colegios, institutos, departamentos universitarios y agencias gubernamentales.


La crisis del capitalismo griego y la catástrofe social consecuente


A pesar de los sucesivos “rescates” y de las medidas de austeridad, la economía griega ha entrado en su quinto año consecutivo de recesión. Desde 2008 la economía ha caído un 14%. En 2011 el PIB se redujo un 6,8% y la producción industrial se contrajo un 11,3%. La caída en picado del poder adquisitivo de la población griega agrava la situación y reduce brutalmente la demanda interna. El gobierno reconoce que dejará de ingresar 1.500 millones de euros de los impuestos recogidos a través de los salarios, y el sistema público de pensiones aumentará su déficit: perderá 2.000 millones de euros, a los que se deben añadir otros 2.000 millones que no ingresará la Seguridad Social por los trabajadores que han pasado a engrosar las filas del desempleo.


Mientras el gasto social se recorta hasta el hueso, los salarios se hunden, y las pensiones se evaporan, los grandes capitalistas griegos, esos patriotas que aplauden y exigen la aplicación de estos planes draconianos, evaden impunemente capitales hacia los bancos suizos y alemanes. El propio gobierno reconoce una evasión fiscal de 37.000 millones de euros en el último año, y desde el inicio de la crisis los capitalistas han sacado del país 560.000 millones de euros, dos veces la deuda nacional. Esta es la razón esencial de que, a pesar de todas las medidas de austeridad y recortes, la deuda haya pasado del 113% al 160% del PIB en los últimos tres años.
Los ataques constantes a las condiciones de los trabajadores griegos han tenido como consecuencia una catástrofe social desconocida en tiempos de paz. Desde hace dos años los empleados públicos han sufrido una reducción salarial del 50%, y en global los ingresos familiares han caído un 30%. Más de un millón de personas están en paro, uno de cada cinco adultos y uno de cada dos jóvenes. Sólo un tercio de los parados cobra subsidio de desempleo, y las ayudas han pasado de 460 a 360 euros mensuales. La presión sobre la población es insoportable: los precios de los productos básicos son semejantes a los del resto de Europa Occidental, así que para muchos griegos la supervivencia es casi una tarea imposible.


El fenómeno de “los sin techo” se ha disparado: sólo en Atenas se ha incrementado entre un 20 y un 25%, y más de 20.000 personas malviven en las calles de la capital. En este caso no sólo se trata de trabajadores que han perdido su empleo: “Hay de todo, ahora hay clase media, abogados que pierden su casa y comenzaron a dormir en las oficinas, la gente hace cola para pedir comida en la misma calle donde estaba la Bolsa de Atenas”. (El País, 18/2/2012). La pobreza y el riesgo de exclusión social se ha incrementado dramáticamente: según datos oficiales más de un tercio de la población, 860.000 familias, viven bajo el umbral de pobreza.

El abandono de niños, la desnutrición infantil, los suicidios, alcanzan niveles de países del llamado Tercer Mundo. La BBC recogía las palabras de un sacerdote ortodoxo: “En el último año hemos recibido centenares de casos de padres que vienen a dejarnos sus hijos… nos dicen que no tienen dinero, vivienda ni alimentos para sus hijos, esperan que nosotros podamos proporcionárselo”. A finales de enero el gobierno anunció la distribución de cupones de comida en escuelas de los barrios más golpeados, después de que la Federación de Profesores de Enseñanza Media denunciase “casos de alumnos de familias pobres que pasan todo el día en la escuela sin comer nada”.

Respuesta ejemplar de la clase obrera griega


Desde 2008 Grecia ha experimentado una oleada ascendente en la lucha de clases: 18 huelgas generales, cientos de huelgas en diferentes sectores, movilizaciones estudiantiles y ocupaciones de centros de estudio, a lo que sumar un auténtico levantamiento juvenil en diciembre de 2008 después del asesinato de un joven de 15 años a manos de la policía. Además se ha desarrollado un movimiento masivo de desobediencia civil bajo el lema “Yo no pago”, y cuatro millones de griegos han dejado de pagar, entre otros, el impuesto de bienes inmuebles.


La respuesta de la clase obrera griega al último ataque ha sido ejemplar, con dos huelgas generales, de 24 y 48 horas los días 7, 10 y 11 de febrero, que fueron secundadas por cerca del 90% de los trabajadores según los sindicatos. Las huelgas generales culminaron con la masiva e histórica movilización del 12 de febrero, mientras el parlamento discutía el programa de ataques, que reflejó la profundidad de la rabia, la frustración y la furia contra el gobierno y las instituciones europeas y financieras del capital. Sólo en Atenas, según los sindicatos, participaron más de 500.000 personas, pero decenas de miles más salieron a las calles en más de 62 ciudades y pueblos. Los medios de comunicación hicieron todo lo posible para minimizar el alcance de la protesta, algo imposible debido a la enorme participación. Como en tantas otras ocasiones, la prensa griega e internacional pretende desacreditar la movilización emitiendo casi exclusivamente imágenes de algunos edificios en llamas, y justificar la brutal represión policial contra los decenas de miles de manifestantes que se encontraban en la Plaza Syntagma rodeando el parlamento. A pesar de la represión, miles permanecieron allí hasta que terminó el debate a altas horas de la madrugada: 4.000 policías tuvieron que escoltar a los diputados en su entrada al parlamento y muchos lo abandonaron en helicóptero.


Los acontecimientos de estos dos últimos años han tenido profundos efectos sobre la conciencia de la clase obrera griega. Demostrando una disposición a la lucha formidable, cada vez son mayores las críticas entre amplios sectores del movimiento a las direcciones sindicales, por limitarse a convocar una huelga general tras otra sin proponer una alternativa revolucionaria que acabe con esta catástrofe. Es significativo que en las dos últimas manifestaciones, por primera vez en la historia, los dirigentes sindicales no hayan pronunciado ningún discurso, limitándose a leer un comunicado para evitar los pitidos y los gritos cada vez más generalizados que piden una huelga general indefinida.



Muestra del avance en los métodos de lucha de los trabajadores es la extensión desde hace unos meses de las ocupaciones de fábricas y centros de trabajo, bien porque ante la amenaza de cierre los trabajadores deciden ocupar y hacerse cargo de la empresa, o bien frente a los intentos de los empresarios de reducir salarios o incrementar la jornada laboral. Una de las ocupaciones más conocidas es la del hospital de Kilkis, gestionado desde hace semanas por los propios trabajadores. En el último comunicado de la Asamblea de Trabajadores del hospital, se anuncia que a partir del 20 de febrero el centro queda bajo el control de los trabajadores y que todas las decisiones sobre el funcionamiento del hospital serán tomadas en la asamblea general. En su manifiesto también hacen un llamamiento al conjunto de la clase obrera griega para que siga su ejemplo y extienda las ocupaciones y el control obrero. Lo mismo se puede decir del periódico Eleytherotypia, uno de los principales del país, en el que los trabajadores se han hecho cargo del mismo y lo han convertido en el principal portavoz de las luchas del movimiento obrero griego contra los recortes.

Otra protesta que se ha convertido en un foco de atención es la protagonizada por los trabajadores de la acería de Loukisa. La empresa anunció su intención de incrementar la jornada laboral y reducir los salarios: la respuesta de los trabajadores fue una huelga que se inició el 31 de octubre y la ocupación de las instalaciones. Pero no son casos aislados. Desde el 7 de febrero se han sucedido las ocupaciones espontáneas en los ferrocarriles para exigir al gobierno que readmita a los trabajadores despedidos, que se paguen los atrasos salariales y que se paralice la privatización de los ferrocarriles públicos. Los ejemplos son cada vez más numerosos: el Ministerio de Agricultura, ayuntamientos, empresas como 3E, Alter o Intracom. Al calor del movimiento “Yo no pago” en muchos barrios se han creado comités que organizan ollas populares, coordinan las protestas a nivel provincial e incluso nacional, como sucedió con la manifestación del 12 de febrero, distribuyen alimentos, etc., en los que participan miles de activistas a lo largo y ancho del país. Entre otras actividades, estos comités de barrio luchan contra los desahucios y para impedir que las compañías eléctricas corten el suministro a aquellos que no pueden hacer frente a la factura eléctrica. La empresa eléctrica privada Geroh Ltd., encargada de llevar a cabo los cortes de suministro eléctrico en Atenas, tuvo que cerrar sus oficinas después de que centenares de personas las ocuparan para impedir los cortes.

Giro a la izquierda


La lucha creciente de los trabajadores y la política de recortes han provocado una división importante en los partidos que forman el gobierno de coalición. Estas fracturas salieron claramente a la superficie en las negociaciones sobre este último plan de austeridad y fueron escenificadas en la votación parlamentaria del 12 de febrero. 22 parlamentarios del PASOK y 21 de Nueva Democracia rompieron la disciplina de voto y fueron expulsados de sus respectivos partidos. El ultraderechista LAOS abandonó el gobierno y expulsó a los diputados que votaron a favor, en una maniobra totalmente oportunista y demagógica. La desautorización y el descrédito de los partidos integrantes del gobierno de coalición se ha reflejado en la fuga creciente de sus parlamentarios: el PASOK ha pasado de 160 a 131 diputados y ND de 73 a 62. El segundo grupo más numeroso en el parlamento griego es el formado por 63 diputados expulsados o que han abandonado sus partidos en estos últimos meses.


En las condiciones de una crisis prerrevolucionaria, en las que todo el aparato parlamentario de la burguesía, sus instituciones y sus políticos están en el punto de mira de la furia de la población, incluso la convocatoria de elecciones generales para el próximo mes de abril no es ninguna baza segura para la clase dominante. La burguesía griega está dividida sobre la conveniencia o no de celebrarlas. Las encuestas muestran un profundo giro a la izquierda que se expresa en la proyección de voto de aquellos partidos que están a la izquierda del PASOK, es decir, DIMAR (Izquierda Democrática), Syriza y el KKE. Según las encuestas, el primero obtendría un 18% de los votos, y los dos últimos casi un 25% entre los dos. Los sondeos también pronostican una debacle histórica del PASOK, que pasaría a tener el 8% de los votos, y Nueva Democracia no superaría el 27%. En cuanto al ultraderechista LAOS las encuestas le dan tan sólo un 3,5% de los votos.


La perspectiva de que la izquierda pueda sacar más de un 40% de los votos, y especialmente el fortalecimiento del KKE, no sólo electoralmente sino en el movimiento sindical y juvenil como referente de masas, ha hecho sonar todas las alarmas de la burguesía griega y europea. Esta es una de las razones de peso que esgrimen para aprobar un posible retraso electoral, pero a corto plazo es difícil que consigan parar la profundización de este giro a la izquierda, no sólo de los trabajadores, sino también de un sector mayoritario de las clases medias que ha sufrido un deterioro brusco de sus condiciones de vida.


Un programa revolucionario para tomar el poder


La burguesía griega es consciente de lo que se juega, como también lo es la burguesía europea. En estos momentos, las condiciones para que la clase obrera tome el poder en sus manos y lleve a cabo la transformación socialista de la sociedad no sólo es posible sino que constituye la única alternativa al caos en que ha sumido la crisis capitalista a la sociedad griega.
En septiembre de 1917 Lenin escribió un artículo titulado La catástrofe que nos amenaza y como combatirla. Este texto, que constituyó uno de los documentos fundamentales del programa de los bolcheviques con los que se preparó la revolución de octubre, sirve perfectamente para entender las tareas de la izquierda en este momento crucial, y especialmente la política que debería adoptar su destacamento más importante, el KKE.


Como en la Rusia de 1917, Grecia se enfrenta hoy a un panorama desolador. Todas las conquistas del pasado están siendo laminadas, mientras los planes de austeridad y el sabotaje económico de los capitalistas han hundido la nación. La población ya ha manifestado, en el refrendo más importante de todos que es la lucha de masas en la calle, que no está dispuesta a soportar este calvario sin un combate a muerte. Las condiciones objetivas para la revolución socialista han madurado hasta alcanzar un punto decisivo: la clase dominante no es capaz de gobernar como lo hacía antes, y los apoyos en los que se ha basado en estos años, las direcciones reformistas del movimiento obrero en el PASOK y los sindicatos, están desacreditados. La clase obrera, al frente de los sectores oprimidos de la sociedad, se ha colocado en la vanguardia de la lucha, demostrando una capacidad de movilización y resistencia asombrosa. Que el capitalismo representa un callejón sin salida, que la sociedad debe de organizarse sobre bases realmente democráticas y ser gestionada por los trabajadores, que los banqueros, empresarios y el capital financiero internacional son los responsables de la catástrofe, y que el parlamento burgués no es más que una marioneta en sus manos, son ideas que cuentan con un apoyo masivo. Las conclusiones socialistas y anticapitalistas de una mayoría de la sociedad son tan evidentes, que incluso el sistema electoral burgués, con todos sus vicios y manipulaciones, no tiene más remedio que reflejarlo. También las capas medias, que en otras ocasiones han sido la base social de la reacción, han girado con rapidez a la izquierda, participando en las grandes demostraciones de la clase obrera. El fermento revolucionario es una realidad: la correlación de fuerzas es completamente favorable a los trabajadores.


Los obstáculos que se levantan contra la revolución son de otro tipo. El problema no es la falta de decisión del movimiento obrero, ni su conciencia clasista y socialista; no es la fortaleza de la burguesía o de su aparato estatal, cuando hemos asistido a numerosos ejemplos de que la represión policial no sólo no frena el movimiento, sino que lo endurece y amplia. La cuestión central en este momento es la imperiosa necesidad de que la izquierda, y especialmente el Partido Comunista Griego, el KKE, levanten una alternativa claramente socialista, abandonen toda confusión respecto a los objetivos de la lucha y organicen concienzudamente a la vanguardia de la clase con el fin de ganar al conjunto de la población para derrocar el capitalismo.
¿Cuáles deben ser los ejes fundamentales de este programa? Ideas muy sencillas, y que están presentes en la situación prerrevolucionaria que vive Grecia, y que una vez ganen la conciencia de la mayoría se transformarán en una fuerza imposible de parar:
Frente al sabotaje de los capitalistas, los planes de austeridad y recortes sociales, poner la economía bajo el control democrático de la mayoría de la población. Expropiación de la banca, los monopolios, las compañías de seguros, bajo el control democrático de los trabajadores. Movilizar los recursos existentes para combatir el desempleo y asegurar una vida digna a todas las familias.
Rechazo a todos los planes impuestos por el FMI, el BCE y la UE ¡No al pago de la deuda! El pueblo griego no debe nada a la banca internacional ¡Al contrario! Confiscación de todos los recursos del capital internacional depositados en Grecia. Confiscación sin indemnización del patrimonio y activos financieros de todos los grandes capitalistas del país. Esta es la única medida que puede frenar la fuga de capitales.
Renacionalización de todas las empresas públicas y sectores que han sido privatizados. Incremento drástico de los salarios, de las pensiones y defensa de la sanidad, la educación pública y de todos los servicios sociales.
Combatir el desempleo. Sobre la base de la expropiación de la banca y los monopolios, plan de choque para invertir en la creación de infraestructuras sociales, escuelas, institutos, hospitales, etc., dando empleo a los parados y a la juventud.
Contra el sabotaje de los capitalistas a la producción: Control obrero en todas las empresas, y nacionalización de aquellas en las que los empresarios planteen despidos o cierres.
Todas estas medidas, y muchas otras, son la condición para organizar la sociedad sobre bases democráticas, liberadas de la dictadura del capital financiero y las grandes empresas. Llevarlas a cabo exige, inevitablemente, de una lucha abierta por el poder obrero, que los trabajadores se hagan con el control de las palancas económicas y políticas fundamentales del país. Para este fin nacieron los partidos obreros, y se desarrollaron los partidos comunistas en todo el mundo. El KKE tiene en sus manos llevar a cabo esta alternativa. ¿Cómo hacerlo? Desde luego abandonando cualquier ilusión de que a través del juego parlamentario será posible conseguirlo. Incluso si el KKE lograra formar gobierno, tendría que enfrentarse inmediatamente a la hostilidad de los capitalistas griegos y europeos que utilizarían todos los recursos a su alcance para desalojarlos y aplastarlos. En esas condiciones, la mayoría en el parlamento sería completamente insuficiente. Sólo el apoyo consciente de la clase obrera y la mayoría de la población puede lograr una salida socialista al actual caos.
La tarea central de los comunistas, de los revolucionarios, no es crear ilusiones en instituciones que han demostrado que no son más que instrumentos al servicio del capital, cuyo barniz “democrático” no esconde otra cosa que la dictadura de los bancos. Al poder de la burguesía hay que oponer el poder de los trabajadores: impulsar la formación de comités revolucionarios en todas las empresas, industrias, tajos, escuelas, universidades y barrios. Comités basados en las asambleas, cuyos miembros deben ser elegidos democráticamente por los trabajadores y la juventud para llevar a cabo las tareas de la revolución socialista: el control obrero de la producción, y de la vida social; la organización de una huelga general indefinida para tomar el control de los centros de poder económico y político; el establecimiento de un Parlamento Revolucionario integrado por los delegados de todos estos comités para adoptar las medidas descritas anteriormente; la organización de la autodefensa de la clase obrera, en cada fábrica, en cada sindicato, en cada centro de estudio, en cada barrio; un llamamiento fraternal a los soldados e incluso a los miembros de los sindicatos de la policía a servir al pueblo, estableciendo comités revolucionarios y plenos derechos democráticos en su seno; y la extensión de este plan de acción al conjunto de la clase obrera europea: bajo la UE de los capitalistas y los banqueros no hay salida, pero bajo una Grecia fuera de la UE pero capitalista tampoco. Es necesario levantar la bandera del internacionalismo proletario que lleva inscrita la consigna de los Estados Socialistas de Europa.


Si el KKE, y su movimiento sindical PAME, llevasen a cabo este plan de lucha y defendiesen este programa político, abandonando cualquier posición sectaria y construyendo el frente único de la izquierda para lograrlo, segarían la hierba bajo los pies de aquellos dirigentes que, aunque critican al PASOK y las medidas de austeridad, no pretenden romper con el marco de las relaciones de propiedad capitalista. La dirección del KKE tiene una responsabilidad histórica. La experiencia de las políticas frentepopulistas e interclasistas defendidas por el estalinismo llevaron a la derrota de la revolución socialista en Chile, en Portugal, en España en 1936-39. La lista es larga. Hay que sacar las lecciones del pasado, incluyendo el desmoronamiento de la URSS, para preparar el triunfo de los trabajadores en Grecia. Un triunfo que se no se detendría en las fronteras griegas, sino que se contagiaría al conjunto de Europa y del mundo, donde los oprimidos seguirían el ejemplo de sus hermanos griegos hasta tomar el cielo por asalto.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Las masas impulsan la revolución en el mundo árabe. Declaración de la Corriente Marxista Revolucionaria

ESCRITO POR: CMR

¡Abajo las dictaduras proimperialistas!

¡Por una Federación Socialista Árabe!

  1. La Corriente Marxista Revolucionaria (Internacional) y El Sindicato de Estudiantes del Estado español saludamos con entusiasmo a las masas revolucionarias de Túnez, Egipto y del resto del mundo árabe. Su determinación, su heroica resistencia frente a la represión, su enorme fuerza colectiva, son un ejemplo para millones de trabajadores y jóvenes en todo el mundo, que entienden que su combate forma parte de lucha internacional que entabla la clase obrera contra la opresión capitalista e imperialista y contra un sistema que en su agonía amenaza acabar con los elementos de civilización que hemos conquistado con la movilización.
  2. Los extraordinarios acontecimientos que se están sucediendo a ritmo vertiginoso en los países árabes son un hito histórico. Estamos asistiendo a un proceso revolucionario clásico en toda la región, proceso que se inició en Túnez con el levantamiento contra la dictadura de Ben Alí, que continúa en este país contra un Gobierno que pretende reformar desde arriba el régimen para que nada cambie, que se traslada a Egipto, donde las masas han herido de muerte a la dictadura de Hosni Mubarak, y que tiene poderosas influencias en todos los países árabes y en todo el mundo.

Un punto de inflexión en la historia mundial

  1. Un proceso revolucionario no es un acto aislado, una insurrección, sino un periodo en el que las bases del sistema se tambalean por la irrupción violenta de las masas. La energía subterránea, reprimida durante años y décadas en el interior de los oprimidos, brota con fuerza. Con un poderoso ímpetu incluso los sectores más desorganizados, más despolitizados, sometidos a la brutalidad capitalista, irrumpen en la escena histórica. Una vez que lo hacen, no la abandonarán fácilmente; sus reivindicaciones más sentidas (imposibles de satisfacer bajo el capitalismo), y la experiencia práctica del enorme poder de las masas, les empujan a no volver a la situación anterior. Los pueblos árabes, y en su interior la clase obrera, que actúa de motor principal, están despertando y, por muchas maniobras que el imperialismo realice, no conseguirá dorminarlos de nuevo.
  2. Esta revolución es un punto de inflexión en la historia moderna del pueblo árabe. Por primera vez los trabajadores, jóvenes y campesinos han sido protagonistas, de principio a fin, de la lucha, de la caída de la tiranía tunecina y de la posibilidad de poner punto y final a la odiada dictadura de Mubarak. Esta vez no han apoyado a ninguna figura que tomara medidas progresistas, ni ningún golpe de Estado para acabar con una monarquía corrupta (como el que protagonizó Naser en Egipto en 1952). Esta vez están viviendo, sin interferencias, la extraordinaria experiencia del gran poder de las masas cuando actúan colectivamente. Este rasgo predetermina la existencia de un proceso alargado en el tiempo, en vez de un acontecimiento puntual.
  3. Otro aspecto histórico de la situación actual es la rápida extensión revolucionaria. Millones de árabes recuperan la confianza en la lucha, a pesar de brutales represiones y de las maniobras de la oposición domesticada y de la reacción integrista. Cómo se exprese este proceso en cada país, y con qué rapidez, depende de múltiples factores; sin embargo el proceso es general y ningún régimen árabe puede escapar a la situación de inestabilidad. Especial importancia tiene lo que pueda pasar en los dos países clave del Magreb: Argelia y Marruecos. En Argelia ha habido importantes manifestaciones a principios de enero (la represión provocó cinco muertos), y rebelión juvenil, y están convocadas para febrero lo que todo indica que serán grandes movilizaciones. En el caso marroquí, 12.000 personas se han adherido a una convocatoria hecha en Facebook, para el día 20 de febrero, por Oussama el Khlifi, un parado de 23 años, exigiendo la amnistía de los presos políticos, acabar con la corrupción, y la derogación de los poderes absolutistas de Mohamed V.
  4. La rápida extensión de la revolución, la enorme capacidad de lucha, ha sido en gran parte producto de la participación masiva de sectores habitualmente poco organizados. Jóvenes en paro, trabajadores de sectores periféricos, campesinos arruinados… Sin embargo, el papel de la clase obrera ha sido, y especialmente es, clave. Sus tradiciones organizativas, su homogeneidad, su autodisciplina colectiva, su conciencia más clara de los objetivos, y su experiencia de lucha, han determinado que fuera y sea el motor de la revolución. A diferencia de otros sectores, los trabajadores, por sus condiciones de trabajo, tienen más facilidad, no sólo para organizar la lucha, sino también para llegar a conclusiones socialistas y a poner en práctica un poder alternativo al capital: el poder obrero.
  5. La determinación de los más oprimidos, y la fuerza de la clase obrera, está arrastrando consigo a la gran mayoría de capas medias. Se trata de sectores más inestables, que en el pasado han sido base social de estos regímenes, pero que han sufrido un proceso de empobrecimiento en beneficio de las camarillas gobernantes y de las multinacionales. El desmantelamiento, a lo largo de treinta años, de los antaño poderosos sectores públicos en algunos de estos países (especialmente Argelia, Túnez, Egipto) y, en general, la opresión imperialista que ha extraído recursos a bajo precio, privatizado, y utilizado en su beneficio a las diferentes camarillas de poder, ha tenido un efecto drástico en la eliminación de las bases sociales de esos regímenes y, en el último periodo, en el auge de la lucha obrera, estudiantil y de sectores de las capas medias. Ejemplos abundantes de la adhesión de éstos sectores a la revolución los hemos visto tanto en Túnez (donde los abogados y jueces, con sus togas, encabezaban manifestaciones para intentar evitar la intervención policial), como en Egipto (miles de jueces ingresaron de forma organizada en la plaza Tahrir de El Cairo para apoyar el movimiento).

La crisis del capitalismo, detonante de la revolución

  1. La correlación de fuerzas es tan favorable que la revolución ha tenido un impacto incluso en el aparato del Estado. Las movilizaciones organizadas por la policía tunecina, inmediatamente después de la caída de Ben Alí, son significativas; los manifestantes reclamaban la creación de un sindicato policial, mejoras laborales y, especialmente, la depuración de sus mandos, responsables de la criminal represión que se ha llevado por delante, según algunas fuentes, a ciento cincuenta personas. Estos policías gritaban ‘No queremos ser represores de nuestro pueblo’, y se sumaron a las manifestaciones diarias contra el Gobierno ‘de unidad nacional’ que sustituyó a Ben Alí. Las escenas de confraternización con los soldados y suboficiales con las masas en la calle, tanto en Túnez como en Egipto, son la mejor prueba del impacto tremendo de la revolución.
  2. Esta revolución no se puede entender fuera del contexto internacional. Su razón de fondo es la crisis orgánica del capitalismo. El anterior boom económico mundial no benefició a las masas árabes, al contrario. El alto precio del petróleo y el gas natural, productos claves de muchos de estos países, sólo lucró a las camarillas dirigentes y a las multinacionales petroleras y gasísticas, mientras la población sufría el mismo proceso de privatizaciones y saqueo que el resto de países explotados por el imperialismo. El colapso de la URSS y la degeneración del sector de la burguesía, la intelectualidad pequeñoburguesa, y la burocracia, que se consideraban a sí mismos el ala nacionalista y progresista de la sociedad, y que políticamente se expresaron en el baasismo y en el naserismo, dejó huérfanas a las masas en los años 90, abonando el terreno para la penetración del integrismo, especialmente entre el campesinado y capas medias urbanas. En ese periodo, las cúpulas de la mayoría de los partidos comunistas oficiales del mundo árabe, estalinistas, culminaron su proceso de degeneración, renegando en muchos casos del marxismo, y participando en las instituciones corruptas de los regímenes proimperialistas.
  3. La crisis económica actual ha empeorado la situación de las masas. El símbolo de la lucha, en sus primeros embates, fueron los manifestantes empuñando barras de pan, y es que la lucha contra el aumento abusivo, especialmente desde 2008, de los precios de los productos básicos, fue uno de los detonantes de la revolución, de igual forma que lo fue de las llamadas revueltas del pan que se extendieron por todo el Magreb en los 80. En gran parte, ese aumento de los precios es debido a la intensa especulación mundial en el mercado de la alimentación, mercado que es uno de los principales refugios de los especuladores que huyen del pinchazo de la burbuja inmobiliaria.
  4. Este contexto de crisis estructural del capitalismo condiciona, no sólo el origen de la revolución, sino también en qué dirección se encamina y qué tareas tiene por delante. La consecución de plenos derechos democráticos, y de conquistas sociales, al menos de forma permanente, está descartada dentro de este sistema. El imperialismo no se puede permitir relajar el brazo de hierro con el que ahoga a los trabajadores y otros sectores, en época de crisis. Ni siquiera puede permitir las conquistas sociales arrancadas por la clase obrera, en los países más desarrollados; incluso en Europa o Estados Unidos los derechos democráticos están en regresión.
  5. La revolución abierta no es más que parte (pero una parte muy importante) del proceso de lucha de clases que se está dando a escala mundial, y que adquiere diferentes expresiones y ritmos (proceso prolongado de revolución en América Latina, auge de la lucha de masas y explosiones sociales en Europa, etc.). En última instancia, se trata de un hondo conflicto por quién determinará el futuro: si la burguesía, que se aferra al poder arrastrando a la humanidad hacia el abismo, o la clase obrera, que es mayoritaria en el mundo y que tiene la fuerza potencial para acabar con el capitalismo y dirigir una nueva sociedad, la sociedad socialista.

Correlación de fuerzas favorable a la revolución

  1. El imperialismo ha sido cogido de sorpresa por la revolución. No habían previsto una insurrección de esta naturaleza. En plena batalla por la imposición de medidas antiobreras en cada país (que provocan una fuerte resistencia), y por la lucha por la hegemonía en el mercado mundial, cada burguesía imperialista se encuentra con dificultades crecientes por mantener su dominio de la misma forma que antes. A las fracasadas ocupaciones de Irak y Afganistán, al proceso revolucionario en América Latina, y a las guerras comerciales abiertas entre Estados Unidos, China, Alemania, etc., se suma ahora una extrema dificultad en mantener la opresión imperialista en los países árabes. Ésta va a chocar, choca ya, con la determinación de los oprimidos que están empezando a ser conscientes de su fuerza.
  2. La correlación de fuerzas desfavorable para el imperialismo le está obligando a un súbito cambio de estrategia. El abanderado es Estados Unidos. Hillary Clinton, secretaria de Estado, avisa a sus compañeros de clase de la tormenta perfecta que se está gestando en el mundo árabe, y de que el status quo es insostenible. También ha advertido a los regímenes proimperialistas: si no cambian chocarán aún más profundamente con las masas. No cabe decir que el cambio que estimula Estados Unidos no tiene nada que ver con la resolución de los problemas sociales, ni siquiera con la implantación de democracias burguesas formales. Se trata de garantizar su dominio (y el de las camarillas cómplices) sobre estos países, a través de nuevas formas, formas más sutiles. Es decir, de implicar a la oposición organizada en las instituciones, de hacer cambios cosméticos, de desprenderse de los elementos más putrefactos y odiados que tan buenos servicios han rendido hasta ahora.

Sin embargo, esta estrategia también tiene muchos interrogantes. Si estas reformas se producen al calor de la movilización masiva, la estimularán más. Tanto si son valoradas como insuficientes, como si son vistas como pequeños pasos adelante, la conclusión del movimiento será clara: tenemos fuerza, el enemigo es débil, por lo tanto hay que redoblar la lucha. Por otra parte, la mayoría de partidos de oposición no tiene autoridad suficiente entre las masas como para actuar de freno de ellas. Reformas como las que pretenden los imperialistas sólo podrán tener efecto si el movimiento se frustra por causas internas al propio movimiento, en definitiva por la falta de un programa y de una organización consecuentemente revolucionarias, que sepa enfrentar cada una de las tareas que la situación plantea.

  1. Con este cambio de estrategia el imperialismo también pretende hacer olvidar su papel decisivo en el mantenimiento de estos regímenes odiados. Es curioso que todas esas preocupaciones seudodemocráticas hayan surgido cuando un dictador ha caído, otro está a punto, y los demás temen con razón por su futuro. Lo que realmente pretenden es evitar por todos los medios la revolución o, mejor dicho, que triunfe. En la misma reunión en que Clinton pronunció su advertencia (la Conferencia de Seguridad de Munich del 4 de febrero), la canciller alemana Angela Merkel fue clara: “Unas elecciones precipitadas al inicio del proceso de democratización [en Egipto] probablemente sea el enfoque equivocado”, porque no daría tiempo a “los partidos y las instituciones” a organizarse, ya que la marcha forzada de Mubarak podría ocasionar un vacío de poder peligroso (DiarioEl País, 5-II-11). El mismo periódico señala en su edición del día anterior: “los círculos de poder más próximos a Mubarak temen que la dimisión del presidente no sea suficiente para calmar a la exacerbada oposición”, y lo explica mejor Leslie H. Gelb, político del régimen: “Lo que le preocupa a Mubarak es que, si acepta, haya más peticiones (…). Visto que no está negociando con una entidad legal, sino con las masas, ¿cómo sabe que no le van a exigir algo más mañana?”. El primer ministro británico, David Cameron, según la misma fuente, consideró “que la transición tiene que ser rápida, y que toda demora amenaza con convertir la situación en más inestable y potencialmente más problemática para Occidente”. En definitiva, con más o menos concesiones (incluyendo la cabeza de Mubarak), con ritmos más pausados o más lentos, el imperialismo apuesta por retomar el sistema de dominación sobre nuevas bases. En todas sus hipótesis se cuela la variable de las masas, que más que nunca escapa a su control.
  2. Esta nueva estrategia no significa que, en un determinado momento, se pueda descartar en absoluto la represión masiva del movimiento, incluso a través de la intervención militar directa (Estados Unidos tiene planes de ocupar el canal de Suez antes de perder su control), especialmente si se llegan a tocar las bases mismas de la explotación capitalista (por ejemplo, la nacionalización de las propiedades imperialistas). No existen aquí cuestiones de principio, sino intereses concretos de clase. Incluso si la revolución no llega tan lejos, inevitablemente, el imperialismo y las burguesías de estos países intentarán tomar el control completo de la sociedad, para lo cual necesitarán machacar a las masas con un baño de sangre. Continuar la revolución hasta el final, basándose en la fuerza colectiva, es la mejor forma de evitar o derrotar cualquier intento de represión masiva.

Maniobras imperialistas

  1. Cualquier posibilidad de regímenes democráticos burgueses estables está absolutamente descartado. El tímido reconocimiento oficial de ciertos derechos (derechos que de hecho están siendo aplicados por el movimiento sin pedir permiso a nadie), y de ciertas mejoras sociales, sólo son concesiones temporales, una demostración de la correlación de fuerzas, pero no puede durar. Si la situación se decanta a favor de la revolución, será ésta quien garantice plenos derechos democráticos y sociales. Por el contrario, si la revolución se debilita, el imperialismo se impondrá con todas sus consecuencias dramáticas para las masas. Mientras tanto, veremos todo tipo de equilibrios inestables entre las dos clases fundamentales de la sociedad: burguesía y proletariado.
  2. Denunciamos ante las masas revolucionarias el papel de los diferentes políticos burgueses y pequeñoburgueses, que intentan aplicar esta táctica imperialista, desvirtuando y usurpando la revolución. Precisamente porque la clase obrera, el campesinado y otros sectores oprimidos no pararán su lucha hasta conseguir una mejora fundamental en su nivel de vida, es por lo que la burguesía y los imperialistas no pueden permitir, salvo coyunturalmente, el ejercicio real de los derechos democráticos. Saben muy bien que los oprimidos ejercerán esos derechos para organizarse mejor, y para luchar por sus objetivos sociales, que no pueden tener satisfacción bajo el capitalismo. Saben muy bien, por tanto, que los cimientos de su sistema podrían derrumbarse si el movimiento, que se siente fuerte, utiliza esas conquistas democráticas para tomar el poder real.
  3. En el caso de Túnez, la revolución se encuentra en una segunda fase a partir de la huida de Ben Alí. Una de las peculiaridades del proceso aquí es la participación en la insurrección de las bases de la UGTT (Unión General Tunecina de Trabajadores). La Unión, de hondas tradiciones históricas, mantuvo una posición contradictoria ante el régimen, de colaboración en su cúpula, y de oposición en muchos de sus sindicatos locales y sectoriales. Ante la falta de un partido obrero de oposición real con presencia entre las masas, el sindicato ha sido el referente de la insurrección. En algunos sitios ha espoleado el movimiento, en otros se ha adherido a él renqueando.
  4. Del 14 de enero, día de la huida de Ben Alí, al 17 de enero, día en que se formó el Gobierno actual, transcurrieron unas jornadas clave. En esos días las masas tenían el poder real, y la posibilidad de formalizarlo con un Gobierno revolucionario, pero no tenían ninguna organización, al menos de importancia, que les hiciera conscientes de esta posibilidad. Desde antes de que huyera Ben Alí, su camarilla, la cúpula del Ejército, y el imperialismo, maniobraron para arrebatar su victoria al movimiento. Mohamed Ghanuchi, primer ministro del dictador, se hizo cargo del poder formal, alegando la incapacidad ‘temporal’ de Ben Alí para gobernar. Esto no era en absoluto suficiente para parar la revolución, por eso el propio régimen en retirada impuso a Fouad Mebazaa (hasta entonces presidente del Parlamento) como presidente interino, prometió amnistía y elecciones inmediatas, y llamó a la formación de un ‘Gobierno de unidad nacional’ con miembros de RCD (Agrupación Constitucional Democrática, el partido de la dictadura), de la oposición legal (sin autoridad ante el movimiento) y, especialmente, de la UGTT. La idea de la ‘unidad nacional’ es una gran trampa, ¿qué unidad nacional puede haber entre los que se han lucrado con la dictadura y los que han sido oprimidos por los primeros?, ¿entre los que quieren ahogar la revolución —aunque ahora digan que están a favor— y los que no tienen nada que perder, salvo sus cadenas?
  5. Con esta maniobra el capital nacional e internacional quería retomar el control de la situación, calmar a las masas, que volvieran a casa los manifestantes que permanecían enfrente del Ministerio del Interior. Pero no fue así. La presión popular obligó a los recién nombrados ministros de la UGTT a dimitir, a salir del Parlamento y otros órganos y a no reconocer ninguna de las instituciones de la dictadura (es decir, de las instituciones burguesas). La revolución no aceptó un Gobierno con participación de miembros de RCD, y se mantuvo firme exigiendo su expulsión del Gobierno, la disolución del partido y la confiscación de sus bienes. Los manifestantes, intentaron tomar la sede de RCD. Durante días la reacción no pudo controlar la situación; se sucedieron las marchas a la sede de la UGTT para presionar. Si en ese momento el sindicato hubiera creado un órgano de gobierno revolucionario provisional, encargado de extender los comités que se estaban organizando, con el fin de preparar una alternativa de Estado al Estado burgués, una Asamblea Revolucionaria de Comités, con delegados elegidos directamente por la población y revocables, habría tenido un impacto tremendo. Finalmente, la cúpula de la UGTT, después de una reñida discusión, decidió apoyar la última propuesta de Gobierno presentada, que implica la salida de los miembros de RCD manteniendo en su puesto a Mohamed Ghanuchi. Su argumento fue ‘preservar la estabilidad’. Eso sí, no se atrevió a aceptar su participación en el Gobierno.
  6. El movimiento en Túnez necesita de experiencias como éstas para entender las tareas del momento. La revolución no ha terminado, las masas desconfían intuitivamente de este Gobierno, y no van a esperar para intentar solucionar sus problemas más inmediatos. Mientras los ministros corren a presentarse en el Foro de Davos y calmar al capital internacional, las masas intentan completar la revolución. En poblaciones de algunas regiones, como Susa o Siliana, las autoridades del régimen huyeron y la población movilizada les ha sustituido con comités revolucionarios. En El Kef, el intento de asalto, por parte de las masas, a una comisaría, el 6 de febrero, exigiendo la dimisión de los responsables policiales, ha tenido el resultado de cuatro muertos.
  7. A las reivindicaciones democráticas y sociales (depuración profunda de la policía y el aparato del Estado; derecho de manifestación, huelga, organización; disolución de RCD; expropiación de sus bienes y los de toda la camarilla de Ben Alí; enjuiciamiento de todos los responsables de la dictadura; renacionalización de todas las empresas privatizadas y de las concesiones al imperialismo; aumento general de salarios y tope para los precios de los productos básicos; reforma agraria, etc.) hay que añadir la consigna de la huelga general indefinida para derribar al Gobierno y la de creación y extensión de comités revolucionarios en cada barrio, empresa, Universidad, coordinándolos a nivel local y nacional. Para esta tarea es imprescindible un trabajo sistemático, tanto directamente en el movimiento, como dentro de la UGTT, apoyándose en los sectores combativos para presionar y en determinado momento sustituir a los elementos burocráticos.
  8. Egipto es el país clave en el mundo árabe, tanto por su población de 80 millones como por su peso económico, cultural e histórico. El martes 25 de enero comenzaron las manifestaciones, y, desde el viernes 28 hasta el viernes 4 de febrero, millones de personas se han hecho con el control de las calles, no sólo en El Cairo, sino también en Alejandría, Suez y las principales ciudades. El referente del movimiento es la ocupada plaza Tahrir, donde existe un nivel de organización impresionante, con controles para evitar el paso de provocadores, puntos sanitarios, provisión de suministros, recogida de basura, actividades lúdicas y culturales, etc. La determinación de las masas ha podido superar los diferentes obstáculos con los que se han encontrado: la feroz represión policial (se habla de cientos de muertos), la presencia intimidante del Ejército desde el domingo 30, la maniobra de presentar a policías sin uniforme, mercenarios y fascistas como ‘manifestantes pro Mubarak’ y de enfrentarlos, armados y muy bien organizados, a los revolucionarios de la plaza Tahrir, para desalojarla o al menos dar la impresión de caos. Tras este grave ataque, que provocó varios muertos el lunes 31, pero que no consiguió el desalojo de la plaza ante el arrojo de su defensa, la siguiente convocatoria, el viernes 4, no sólo no fue menor, sino que ha sido la más masiva hasta la fecha.
  9. Existe una coyuntura extremadamente inestable que se puede romper por cualquier lado. A pesar de la tremenda fuerza del movimiento, Mubarak no ha caído. El equilibrio está en el punto de ruptura, una situación así no se puede mantener por más tiempo. Mubarak no puede gobernar, con millones de personas paralizando la producción y retándole en las calles. No puede reafirmar su autoridad cuando dos semanas de toque de queda han sido desobedecidos sistemáticamente por la población. Pero las masivas manifestaciones, sin más, no siempre son suficientes para echar a un dictador (y, de hecho, normalmente no lo son).

Todo apunta a que intentarán llegar a un acuerdo temporal con la oposición, bendecido por el imperialismo e incluso el propio Mubarak. Como hemos dicho, los imperialistas quieren apartarle del poder, pero pretenden presentarlo como parte de un acuerdo y no como consecuencia directa de la acción de masas. Controlar desde arriba los sucesivos pasos hacia un régimen similar con formas más sutiles, que el movimiento no sea consciente de su fuerza, y retomar el control de la situación. ¡También la clase dominante saca sus conclusiones de Túnez!

Dicho esto, existe una feroz resistencia de una parte del aparato estatal a perder poder, que incluye el intento de utilizar el Ejército para un baño de sangre que dé una lección a la revolución. Si el régimen no mide bien provocaciones e intenta forzar el desalojo violento de la plaza Tahrir, o impulsar la represión a una escala superior movilizando el ejército, podrían estimular la respuesta de las masas, y la división de las tropas. En cualquier caso, las últimas maniobras de Mubarak aferrándose al poder, sólo alimentan la furia de la población y la entrada de nuevos sectores a la lucha. La desesperación de Israel y de Arabia Saudí para mantener al viejo dictador, y evitar la extensión de la revolución a toda la zona, se puede convertir en la chispa que incendie con más intensidad la llama de la rebelión. Eso lo saben los imperialistas estadounidenses y de ahí su búsqueda incesante de una salida que pueda evitar una profundización de la insurrección. La perspectiva de la caída de Mubarak no disminuye con sus maniobras de última hora, en todo caso, esta resistencia sólo acrecentará la firme voluntad entre las masas de continuar la lucha.

  1. Tanto en Túnez como en Egipto, las maniobras para descarrilar la revolución tienen aliados. Por un lado, se trata de los opositores legales al régimen, alternativas burguesas que Estados Unidos mima desde hace tiempo. Es el caso de Mohamed el Baradei, que intenta presentarse como líder de la revolución. Por otro, organizaciones integristas como En Nahda en Túnez o los Hermanos Musulmanes en Egipto. Estas organizaciones tienen un programa tan reaccionario en lo económico (defienden el capitalismo) como en lo social, y no han participado prácticamente en las luchas de masas contra el régimen, haciendo un papel de contención. A pesar de toda la demagogia del imperialismo sobre los fundamentalistas, con la pretensión de arrojar arena a los ojos de los trabajadores occidentales vinculando la revolución con la reacción integrista, las grandes potencias occidentales estarían dispuestos a llegar a acuerdos con ellos para descarrilar la revolución. Por último, el programa estalinista defendido por la mayoría de los Partidos Comunistas del mundo árabe, basado en las dos etapas, primero un desarrollo prolongado de un capitalismo nacional que llevaría, supuestamente, a la realización de las tareas democrático-burguesas dejando para un tiempo indefinido la lucha por el socialismo, y su política de colaboración de clases buscando alianzas con un supuesto sector nacionalista, progresista, antiimperialista, dentro de las diferentes burguesías nacionales, o del aparato del Estado o del Ejército, les ha llevado a una crisis profunda y a su descrédito ante amplios sectores de las masas.
  2. Desgraciadamente para sus planes, ninguna de estas organizaciones tienen autoridad ante la gran mayoría de los participantes en la lucha, y especialmente no la tienen entre la clase obrera y entre los sectores más oprimidos que han despertado. No han estimulado la movilización, no la han orientado, ni siquiera se han desmarcado del régimen hasta el momento mismo en que estaba ya en la picota. Esto significa que tendrán enormes problemas para hacer tragar a las masas acuerdos o Gobiernos de ‘unidad nacional’. En el caso de Egipto, el primer intento serio de descarrilar la movilización fue la formación de un ‘consejo de sabios’, que llamó a ‘considerar’ la negociación directa con Mubarak o su vicepresidente, Omar Suleimán, idea rechazada por los manifestantes, que obviamente no se contentan con menos que con la caída del dictador. Este Consejo de Sabios incluye a políticos del régimen, ‘analistas’ y capitalistas como Naguib Sawiris. En estos momentos la oposición legal y los Hermanos Musulmanes, después de negarse a negociar ‘mientras no dimita Mubarak’, ya están lo haciendo, demostrando que sólo ven en la revolución un medio para intentar encaramarse al poder respetando las estructuras políticas y económicas del sistema.

El papel central de la clase obrera y la lucha huelguista

  1. En Egipto, como en Túnez, la cuestión decisiva es la entrada en la acción de la clase obrera organizada y el papel de los Comités que se están formando en numerosas localidades. La extensión del movimiento huelguístico en Egipto es una señal inequívoca del carácter clasista de la revolución, y del papel central de la clase obrera en la actual rebelión. Millones de trabajadores egipcios han despertado a la lucha no sólo contra el dictador, sino por la mejora inmediata de sus condiciones salariales y de vida. Este es un factor decisivo. Correctamente, para la clase obrera egipcia tumbar al dictador va ligado a una transformación radical de sus miserables condiciones de existencia: el 40% de la población egipcia vive con menos de un euro al día, y los salarios de los trabajadores, para mayor beneficio de las multinacionales imperialistas y sus aliados nacionales, son de miseria. Ahora, con su acción, los trabajadores están poniendo en cuestión las bases de dominación burguesa. La huelga de los 6.000 trabajadores de mantenimiento del canal de Suez ha hecho saltar todas las alarmas. Los huelguistas del canal han prendido la mecha de una rebelión obrera que se extiende por todo el país, y en primer término al sector textil, que es la columna vertebral de la economía egipcia. La mayor empresa pública del textil, Misr, con 24.000 empleados y situada en Mala Kubra (delta del Nilo), inició el 10 de febrero una huelga indefinida, y la lucha se extiende también a la planta textil de Suez Trust. En Alejandría, decenas de miles de trabajadores de la enseñanza y de la sanidad se han declarado en huelga. Exactamente igual que los trabajadores de Telecom Egypt en el Ciaro y otras ciudades del país. El diario opositor Al Shoruk habla de que el “tsunami de Tahrir se contagia a los trabajadores. La ira llega a los sindicalistas”. Las huelgas se extienden a todos los sectores, como la Compañía del Carbón Egipcia, la Compañía Nacional de Cemento, la empresa pública del petróleo, los ferrocarriles, los autobuses públicos de El Cairo, o grandes comercios. “La clase trabajadora ha irrumpido en la arena con toda su fuerza. La suerte del régimen de Mubarak estará sellada muy pronto”, señala el conocido bloguero Osma al-Hamalawy.
  2. Por otra parte, el día 30 de enero se formó la Federación Egipcia de Sindicatos Independientes, que aúna a trabajadores de la industria y servicios públicos y a jubilados, y que en su declaración pública “invita a todos los trabajadores egipcios a crear comités civiles para defender sus lugares de trabajo, a los trabajadores y a los ciudadanos en estos momentos críticos y a organizar acciones de protesta y huelgas en los lugares de trabajo, con excepción de los lugares de trabajo en sectores vitales, para que se lleven a cabo las demandas del pueblo egipcio”.
  3. Es vital extender la lucha huelguista hasta hacerla confluir en una huelga general insurreccional contra la dictadura, y fortalecer los comités obreros que están surgiendo en numerosas localidades como órganos de poder de la revolución. Estos comités, junto con los sindicatos obreros independientes y clasistas deben tomar en sus manos la tarea de la autodefensa de la revolución (defensa de los locales sindicales y de los manifestantes, proselitismo entre las tropas, etc.).

Por un programa y una estrategia para el triunfo de la revolución

  1. La convocatoria de elecciones libres, tan ansiado por el movimiento, en manos de la reacción es un señuelo (en forma de promesa vaga) para vaciar de contenido revolucionario al movimiento. Los imperialistas y la burguesía árabe intentan centrar la atención en este punto y esconder el profundo contenido social de la revolución. Las palabras ‘libertades democráticas’ suenan igual, pero significan distinto, en boca de los burgueses y de los obreros. Para los primeros, sólo puede significar levantar un escenario aparentemente democrático, donde se discutan cuestiones menores mientras las decisiones fundamentales las sigan tomando ellos (la burguesía árabe y los imperialistas), a la vez que ponen todas las trabas necesarias para que esas libertades formales no puedan poner en cuestión quién tiene el poder real. Para los trabajadores, ‘libertades democráticas’ significa plenos derechos de organización, de expresión, de manifestación y mejoras materiales que les permitan avanzar en su lucha por una vida sin explotación. Sólo con un programa socialista será posible una democracia real, la democracia de los trabajadores y el resto de oprimidos.
  2. La situación actual en los países árabes reivindica plenamente la teoría de la revolución permanente desarrollada por León Trotsky. La única posibilidad de realizar plenamente las aspiraciones democráticas de las masas, y mejorar radicalmente sus condiciones de vida, es tomando medidas decisivas contra el imperialismo y el capitalismo. Expropiando las multinacionales que han robado la propiedad estatal y saquean los recursos naturales de estos países; las empresas de las camarillas dirigentes, y militares; la banca, y otras grandes empresas capitalistas; incautando las extensiones de tierra de los grandes propietarios y llevando a cabo una auténtica reforma agraria en beneficio de las masas campesinas, la población tendría los medios para elevar los salarios, desarrollar las infraestructuras, establecer servicios sociales, sanidad y educación pública y se podría ofrecer una vida digna a toda la población. La más amplia y profunda democracia, por la que luchan las masas oprimidas, sólo puede realizarse de forma concreta acabando con el poder del imperialismo y de la burguesía árabe, que son las dos fuerzas que están detrás de todas estas crueles dictaduras. La clase obrera árabe, encabezando a todos los oprimidos de la sociedad, debe tomar el poder en sus manos, igual que hicieron los trabajadores y campesinos pobres en Rusia durante la revolución de octubre de 1917. Sólo así, estableciendo las bases para un Estado obrero y socialista, es posible garantizar un amplio desarrollo económico, social y cultural del pueblo árabe.
  3. Las revoluciones en Túnez y Egipto han puesto en evidencia, una vez más, que los oprimidos sólo podemos confiar en nuestra propia fuerza y organización y en los métodos de lucha de la clase obrera (huelgas y movilizaciones de masas, desarrollo de asambleas, comités elegibles y revocables…) para conseguir nuestros objetivos. El auténtico carácter de líderes como el Presidente libio Muammar el Gadafi y otros —que durante años han intentado presentarse como luchadores antiimperialistas y que en algunos países en revolución como Venezuela o Bolivia todavía son considerados como tales— ha quedado en evidencia. Gadafi apoyó a Ben Alí hasta que ya era un hecho que la acción revolucionaria de las masas y en particular de la clase obrera había obligado al dictador tunecino a huir del país. Gadafi también ha sido, curiosamente junto a líderes sionistas de Israel como Netanyahu y Simón Peres, los que con más ahínco defienden la continuidad de Mubarak en el poder y temen el movimiento revolucionario de las masas árabes. Esto contiene una importante lección para las masas. Como ya hemos dicho, ningún líder o gobierno burgués o pequeño-burgués que se mantenga dentro del capitalismo, podrá defender sincera y consecuentemente los intereses de los jóvenes, trabajadores y campesinos del mundo árabe. Por mucho que en un determinado momento algunos de estos líderes puedan llenarse la boca de retórica nacionalista o antiimperialista para labrarse una base social entre sectores de las masas, o incluso si en un determinado momento a causa de sus propios intereses tienen choques y desencuentros con el imperialismo, finalmente su carácter e intereses de clase entrarán en contradicción con los intereses y necesidades de las masas y harán todo lo posible por frenar y, si no pueden, reprimir la organización y movilización de la clase obrera y el resto de los explotados.
  4. La estructura del Estado burgués no sirve para los fines de una democracia obrera. Es necesario crear las condiciones para la sustitución de las podridas estructuras de la dictadura, que ahora pretenden restaurar con un barniz democrático, por la estructura que, de forma irregular, inconstante, imperfecta, está surgiendo en Túnez y Egipto: los comités de diferente tipo que agrupan a las masas organizadas, especialmente de la clase obrera. Mantener contra viento y marea esos comités, extenderlos, coordinarlos, y perfeccionarlos, organizando las tareas, no sólo de la lucha, sino también de todos los aspectos de la vida social, sentará las bases para sustituir el caduco Estado burgués por un Estado mil veces más participativo y democrático: un Estado de los comités, un Estado socialista, donde cada representante sea elegido y revocable por la asamblea que lo elige, donde ninguno cobre más que el salario medio de un obrero cualificado, donde las funciones de representación se empiecen a realizar de forma rotatoria, y donde el pueblo organizado y armado sustituya al ejército permanente. Esta democracia de los comités podrá garantizar la máxima libertad de expresión y organización, sin mayor límite, evidentemente, que las medidas necesarias para contrarrestar la resistencia violenta de la reacción.
  5. Mientras los activistas, y especialmente la clase obrera, lucha por extender y profundizar los comités, y se crean las condiciones para que ésta dirija al resto de la sociedad hacia la toma del poder, es necesario desenmascarar todas las maniobras pseudodemocráticas del imperialismo. Como los maquillajes baratos de los antiguos regímenes están siendo insuficientes para aplacar la revolución, es previsible, en determinado momento, que adopten la bandera, aparentemente rupturista, de la Asamblea Constituyente. La convocatoria, o la promesa de convocar una Asamblea Constituyente, es un engaño. Sin tocar las bases materiales del poder de la burguesía, cualquier tipo de asamblea se enredará en todo tipo de discusiones y maniobras parlamentaristas, que polemizarán sobre aspectos secundarios. Mientras, los oprimidos, los protagonistas de la insurrección, verán pasar el tiempo sin ninguna perspectiva concreta de solución de sus perentorios problemas: el paro, la carestía de la vida, la explotación, la reforma agraria, la depuración del Estado. De esta forma la clase dominante intentará cansar al sector más consciente y activo de las masas, aislarlo del resto y recuperar plenamente su control.
  6. Es imprescindible contraponer a esta consigna vacía, de la que ya se hacen eco algunos grupos de izquierda, la de un Parlamento Revolucionario basado en poder de los comités, con diputados elegidos por estos comités revolucionarios, cuyo objetivo sea llevar hasta el final la revolución, rompiendo con todos los elementos del viejo régimen, aplicando sin ningún tipo de concesión las profundas reivindicaciones democráticas, y las medidas socialistas de lucha contra el capital necesarias para llenarlas de contenido. Un llamamiento a desarrollar el poder de los comités, establecer este parlamento revolucionario y un gobierno obrero y socialista, electrizaría la participación de todos los oprimidos.
  7. Para la defensa de este programa se hace urgente y necesaria la construcción de un referente político genuinamente revolucionario y marxista, capaz de agrupar a los sectores más combativos y conscientes de la clase obrera y de la juventud árabe, y tras ellos al conjunto de las masas oprimidas. La existencia de un partido marxista con raíces en el movimiento es la única garantía para neutralizar eficazmente las inevitables maniobras de la burguesía y del imperialismo, consistentes en impulsar alianzas “de todos los demócratas” y promover a “amigos del pueblo” con el fin de anular la acción independiente de la clase obrera y descarrilar el proceso revolucionario. La tremenda energía de las masas revolucionarias es imprescindible para completar la revolución. Pero no es suficiente. Es necesario organizar a los sectores más avanzados del movimiento obrero, y otros sectores, aprender de cada lección de estos acontecimientos, de la rica experiencia de la lucha de clases a nivel internacional, formarse en el socialismo científico, el marxismo, y poner las bases para un partido revolucionario de masas que encauce toda esa energía hacia la victoria. Esta tarea es la que justifica la existencia de la Corriente Marxista Revolucionaria (Internacional).
  8. El destino de la revolución árabe está íntimamente ligado al futuro de la revolución en todo el mundo, y al revés. En la reunión de seguridad de Munich ya citada, Anders Fogh Rasmussen, secretario general de la OTAN, expresó lo siguiente: “Acontecimientos vertiginosos se están produciendo en Egipto, Túnez y otros países (…). El resultado de estas revueltas es incierto. Sus consecuencias a largo plazo, impredecibles. Pero una cosa queda clara: las placas tectónicas se están moviendo (…). En juego, en este tiempo, no está sólo la economía mundial: también el orden mundial.” Estas declaraciones van al meollo de la relación entre estos acontecimientos y las perspectivas para lucha de clases a escala mundial. La experiencia de la URSS y de tantos otros pueblos demuestra que el socialismo no se puede hacer sin la participación consciente de las masas, y tampoco sin su extensión a nivel mundial, en un determinado periodo de tiempo. Por otra parte, de igual forma que la revolución en América Latina, este grandioso acontecimiento impacta sobre la conciencia de millones de trabajadores. Después de mucho tiempo, las masas empiezan a ver la posibilidad de cambiar las cosas de una forma decisiva, a través de la fuerza colectiva e imprimiendo un carácter internacional a la lucha. Por eso, hoy más que nunca, la lucha de los oprimidos exige de un programa socialista e internacionalista en defensa de la creación de una Federación Socialista Árabe, para acabar con el atraso, la miseria, el sectarismo y el integrismo religioso. Los trabajadores de todo el mundo cumpliremos con nuestra tarea y brindaremos todo el apoyo a la magnífica revolución de las masas árabes enarbolando la consigna que hiciera famosa Rosa Luxemburgo ¡Socialismo o barbarie!